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Identidad social, culpabilidad, redención y castigoSi algo favorece el análisis de “Yo, Pierre Rivière...” es la desprovisión de aspectos formales. No hay que analizar cómo está escrito, porque es una colección de escritos legales, periodísticos, testimoniales. Claro que lo que se percibe de todo ese conjunto de textos no es tranquilizador. “Yo, Pierre Rivière...” habla de la construcción de la identidad, habla de la locura, y habla de la percepción social de ambas cosas. La construcción de la identidad no es sólo un proyecto propio. La construcción del yo es un proyecto común. Tu normalidad sólo se ve matizada por la anormalidad que ven los demás. Pierre Rivière es un chico al que todos perciben como especial, porque quizás lo es. Su propia identidad viene marcada por esa percepción social igual que viene marcada por su propia mente. ¿De dónde viene la locura de Pierre Rivière?¿Es una enfermedad?¿Es una anormalidad?. La línea de tiempo que trazan los documentos que aporta el libro tiene un cenit en las memorias de Rivière. Cualquiera hubiera vivido igual que Pierre los hechos que narra, las humillaciones del padre a manos de la madre, los robos, las mentiras. La anormalidad de Pierre llega en la conclusión. Decide acabar a golpe de hoz con el sufrimiento del padre. Pero esa decisión la puede tomar igual un hombre cuerdo o un hombre loco. Los informes psiquiátricos, las declaraciones de los testigos, las pesquisas policiales...sólo tratan de dictaminar eso. La identidad social de Pierre Rivière determina su suerte. No son los médicos los que dan fe de su enfermedad. Hay informes que dicen que sí, e informes que dicen que no. No son los vecinos los que dan fe de su enfermedad. Los vecinos dicen que era raro, que hablaba solo, que torturaba lagartijas y que enterró un pájaro y luego lo desenterró. Pero no dicen que esté loco. Es el tonto del pueblo. Sin más. No es el cura, desde luego, que veía en él cualidades que nadie más veía. Tampoco es el jurado. De hecho, el jurado tiene clara su culpabilidad premeditada. Para el jurado, es él el que en plenas facultades ha decidido matar a su madre y sus hermanos. Y no lo es la prensa, que cuenta (en versiones incluso falsas) todo un mundo de detalles que no aclaran si Pierre Rivière está loco, y, por tanto, merece el sanatorio, o cuerdo, y merece la guillotina. Pero entonces...¿es sólo el rey el que al indultar a Rivière asegura que Pierre está loco? Al cuestionar la identidad de Rivière, su estado mental, la sociedad (todos) se están debatiendo entre dos pulsiones. La lástima y el castigo. Todos parten de la premisa de que Rivière es culpable. Desde luego. Lo han visto con la hoz. Él ha confesado. Es culpable. Pero si está loco, como todos creen antes de que empuñe la hoz, no paga por su crimen. Pierre Rivière merece castigo, y nadie quiere ser el que afirmando su locura, lo libre de la guillotina. Locura, identidad social, crimen, culpabilidad cristiana, redención, castigo. Las 7 ideas que bullen en el libro. Las 7 premisas en las que se basa el juicio de la sociedad hacia un asesino. No quiero acabar sin hacer mención al papel de la prensa. Hoy como ayer. Juzgando antes del juicio. Dando por probados hechos falsos. Mintiendo y tergiversando hablando desde fuentes poco fiables. En ambos sentidos, desde luego. Tanto para afirmar la locura como para negarla. La prensa es la voz, pero también los ojos de la sociedad que no estuvo allí. A través de lo publicado muchas personas crearían sus juicios, sus teorías, sus soluciones. Purnas Menéame Domingo, 02 de Marzo de 2008 10:32. Comentarios » Comentar |
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